miércoles, 29 de enero de 2014

LA WEB CANCELA EL SEXO


Il web cancella il sesso: «I diciottenni non fanno più l’amore»
L’allarme dell’andrologo padovano Carlo Foresta: «I teeenager di oggi preferiscono il web al contatto sessuale diretto»

Tanto internet e poco sesso per i diciottenni di oggi. È l’allarme lanciato dal professor Carlo Foresta nell’ambito della presentazione del Progetto andrologico permanente, tenutasi ieri mattina a palazzo Moroni. Dieci anni di ricerca sui fattori di rischio del sistema endocrino-riproduttivo e più di 7.257 giovani intervistati per una campagna di prevenzione che coinvolgerà anche quest’anno quarantotto istituti scolastici della Provincia.

Gli studi del team coordinato da Foresta hanno evidenziato una serie di problemi sociologici che hanno influito sull’atteggiamento sessuale. Primo fra tutti l’utilizzo di internet come unica fonte di informazione: otto ragazzi su dieci, infatti, hanno dichiarato di basare la propria “cultura sessuale” sulla ricerca su Google. «Internet è un mezzo potentissimo ma può diventare altrettanto pericoloso» ha sottolineato Foresta. «I ragazzi preferiscono l’esperienza multimediale al contatto sessuale diretto. E se da una parte sono aumentati i casi di Sexual addiction (ipersessualità) per l’uso spropositato di materiale pornografico, dall’altra i giovani non hanno più voglia di fare l’amore».

I dati sono preoccupanti: nel 2013 il desiderio ipoattivo è stato evidenziato nel 10,3 % dei casi di disturbo della funzione sessuale, contro l’1,7 % del 2004. Il 60% dei diciottenni, inoltre, ha già avuto esperienze sessuali complete, con un’elevata percentuale di rapporti non protetti. Rispetto al 2004 è cambiato pure lo stile di vita: l’87 % degli intervistati fa consumo di alcol, il 40 % fuma (31% nel 2004) mentre il 72% ha provato almeno una volta hashish e marijuana, con una lieve riduzione nell’assunzione delle droghe “pesanti”.


Il Progetto andrologico permanente, sostenuto dalla Provincia, dall’Università e dall’Ufficio scolastico provinciale, proporrà inoltre una rivoluzionaria campagna di sensibilizzazione contro la violenza sulle donne, partendo dall’educazione del maschio. Ed è un tema che Carlo Foresta tratterà con particolare attenzione al Convegno che si terrà oggi pomeriggio nella sala Rossini del Pedrocchi: «La nostra intenzione è insegnare agli uomini a sconfiggere l’atteggiamento di superiorità e prevaricazione nei confronti della donna» ha aggiunto. «La violenza è un problema del maschio e l’educazione deve partire direttamente dai banchi di scuola. La nostra campagna vuole formare un giovane consapevole e coerente che abbia un rapporto equilibrato e paritetico con il mondo femminile. Il segreto sta nel riconoscimento delle differenze. Ribadisco il concetto con un piccolo riferimento shakespeariano: se salviamo Otello, possiamo salvare anche Desdemona».

LA WEB CANCELA EL SEXO
Un estudio sobre hombres adolescentes que prefieren no tener relaciones sexuales

Un estudio realizado por el profesor Carlo Foresta de la Universidad de Padova llega a la conclusión que los jóvenes de 18 años prefieren el internet a las relaciones sexuales físicas. Desde hace diez años que investiga sobre los factores de riesgo del sistema endocrino reproductivo masculino, ha realizado el estudio en más de 7.257 jóvenes entrevistados para una campaña de prevención que iniciarán este año en 40 Institutos de la Provincia de Padova.

Los estudios del grupo coordinados por el doctor Foresta han evidenciado una serie de problemas sicológicos que han influido en el comportamiento sexual. En primer lugar el uso de internet como única fuente de información: ocho jóvenes de diez han declarado de basar su propia cultura sexual en la búsqueda a través de Google.

“Internet es un medio potente, pero puede convertirse en peligroso”. Ha enfatizado Foresta. “Los jóvenes prefieren la experiencia virtual al contacto sexual directo y si por una parte han aumentado los casos de adicción sexual por el uso desproporcionado de material pornográfico, por otra parte los jóvenes ya no tiene deseos de “hacer el amor”.

Los datos son preocupantes, en el 2013 la baja actividad de deseo sexual fue de un 10.3% en el caso de los desordenes de funciones sexuales, a diferencia del 1,7% del 2004. El 60% de los jóvenes de 18 años ya han tenido experiencias sexuales completas, con un elevado porcentual de relaciones sin protección.

En relación al 2004 han cambiado los comportamientos en cuanto al estilo de vida. El 87% de los entrevistados consumen normalmente alcohol, el 40% fuma (30% en 3l 2004), el 72% han probado al menos una vez drogas como la marihuana o el hashish, y ha habido una leve reducción en cuanto al consumo de drogas “duras”.

El proyecto andrológico permanente sostenido por la provincia de Padova, la Universidad y el departamento escolar provincial propondrá una campaña de sensibilización contra la violencia a la mujer, partiendo de la educación al varón. Para este objetivo se están realizando conferencias y convenciones en la ciudad.


“Nuestra intención es enseñar a los hombres a dejar de lado la actitud de superioridad y prevaricación con respecto a la mujer. La violencia es un problema del varón y la educación debe partir directamente de las aulas de clase. Nuestra campaña desea formar un hombre con conciencia y coherente que tenga una relación equilibrada y par con el mundo femenino. El secreto está en el reconocer las diferencias”.

Sofia Casanova


Junto con Emilia Pardo Bazán y Concha Espina, la gallega Sofía Casanova forma parte de la tríada de mujeres que, en el 75 aniversario de la aparición de la revista Blanco y Negro, figuran entre los escritores, poetas y periodistas seleccionados en el especial dedicado a las letras que se publica. Entre ellos, Rafael Alberti, Antonio Machado, Ramón Gómez de la Serna, Ramón Pérez de Ayala o Juan Ramón Jiménez, un elenco importante de la cultura española. De las 33 figuras incluidas en el cuadro de honor del suplemento, solo se reseñan estas tres mujeres.
Si Pardo Bazán y Concha Espina son mujeres ampliamente conocidas en la sociedad actual, no ocurre lo mismo con Sofía Casanova, y ello a pesar de los interesantes actos, estudios y escritos realizados por particulares en los últimos años, como la biografía que escribe Rosario Martínez Martínez, o la organización de actos por parte de instituciones como, la Casa del Lector y el Instituto Polaco de Cultura que en fechas recientes hicieron un homenaje a la escritora en forma de mesa redonda. También en el último año se ha estrenado el documental A maleta de Sofía, película que narra una parte de la vida de la autora. Asunción Bernárdez Nodal, en Sofía Casanova en la I Guerra Mundial: una reportera en busca de la paz de la guerra, realiza un estudio del pacifismo en su obra, desde la óptica cristiana y desde su condición de mujer.
Sofía Casanova sin embargo fue ampliamente conocida y también reconocida por sus contemporáneos. En 1906 es elegida miembro de la Real Academia Gallega. Se la agasajó en vida. Sus conferencias fueron aplaudidas por hombres y mujeres. El hecho de ser la única española en las conflictivas Tierras de sangre, dispuesta a narrar sus peripecias, sus posturas personales frente a los conflictos, sobre todo el de la I Guerra Mundial y la Revolución rusa, hizo que fuera tratada de heroína, al convertirse como en alguna ocasión se la ha llamado en “notaria de la realidad”.
Fue una mujer culta, muy conocida en los ambientes literarios de la época. De profunda tradición católica, mantuvo posturas a favor de Franco durante la Guerra Civil Española. En diciembre de 1938, declaraba a La Voz de Galicia, con ocasión de su marcha a Varsovia, que estaba convencida de que el golpe de Estado provocado por un sector del Ejército traería momentos de desarrollo y esplendor a España: “Creo en el caudillo como se cree en un ser superior, y la suerte de España guiada por él será la más grande y más fecunda de nuestra historia”. Este apoyo, que se contradice en ocasiones con su experiencia vital y profesional, no explicaría el porqué la dictadura la olvidó después de esa manera. Ni sus novelas, ni sus poesías, ni sus artículos periodísticos, de gran agudeza en sus análisis políticos, lograron sobrevivir a la segunda mitad del siglo XX. En realidad, no lograron sobrevivir al nazismo.
 En desacuerdo con la República y profundamente monárquica, rompe con ABC, de cuya cabecera fue cronista durante la I Guerra Mundial y la Revolución rusa, cuando a la edad de 80 años manda su primera crónica después de la invasión polaca de 1939. Con gran esfuerzo por su ceguera, consigue escribir un artículo que, como única respuesta por parte del director del periódico, Luca de Tena, obtiene la negativa a publicar “nada que vaya en contra de los alemanes”. En palabras de su nieto, esta respuesta constituyó una muerte en vida. Desengañada de los suyos y atrapada en el totalitarismo que sufrió Polonia, primero nazi y después soviético, Sofía fue apagándose en su longeva y apasionante existencia.
Sofía Casanova, en realidad Sofía Guadalupe Pérez Casanova (A Coruña, España, 1861-Poznan, Polonia 1958), fue una escritora de novela y poesía, autora de obras de teatro y cartas. Fue también traductora, hablaba cinco idiomas, y publicaría además de en España, en Francia, Polonia y Suecia. Trabajos que compaginó con el periodismo, escribiendo artículos para los periódicos ABC, El Liberal, La Época y El Imparcial entre otros, y fuera de nuestras fronteras  en el New York Times o en la Gazeta Polska. Aunque Carmen de Burgos fue pionera, como mujer, en el reporterismo de guerra, al cubrir para el Heraldo de Madrid la guerra de Marruecos en 1909, Casanova lleva a cabo la corresponsalía de la I Guerra Mundial y la revolución rusa de 1917. Realiza una entrevista a Trotski, más propia de una aventurera reportera contemporánea que de una católica conservadora de su época: “Cuando hace cuatro días me decidí en secreto de mi familia a ir al Instituto Smolny, una nevada densa y callada, caía sobre San Petersburgo. Deseaba y temía ir -porqué no confesarlo- al apartado lugar donde funcionan todas las dependencias del Gobierno Popular… Obscuras [sic] las calles resbaladizas como vidrios enjabonados y completamente solitarias a aquella hora –cinco de la tarde- tras muchos tumbos encontramos un iswostchik somnoliento en el pescante del trineo…” Sofía, en compañía de Pepa, la señora que le acompañó desde Galicia en su periplo polaco, logró entrar en el Palacio Smolny sin ningún impedimento, solo el propio rechazo y el miedo que le provocaban los marxistas, entonces llamados maximalistas. Realizó la entrevista a Trotski, ministro de Asuntos Extranjeros, y a quien Sofía consideraba como la persona más interesante de las que rodeaban a Lenin.

Gran viajera, en el sentido más completo y complejo de la palabra. La oportunidad de viajar y aprender idiomas le vino al casarse con el diplomático Wincenty Lutoslawaski. Con él, noble terrateniente polaco, diplomático y filósofo, que había venido a Madrid a estudiar el pesimismo en la literatura española, y recién casada se traslada a Polonia en 1887. Desde entonces, llevará su Galicia natal en el alma, también las tertulias y reuniones literarias, a las que le había dado acceso Ramón de Campoamor, quien además fue el que le presentó a su futuro marido en una de estas reuniones. En estas tertulias, frecuentaba la amistad de Blanca de los Ríos o de Emilia Pardo Bazán. Sin embargo, su vida quedará prendida para siempre y atrapada en un país, Polonia, y, como él, padecerá y quedará presa de los totalitarismos alemán y soviético.
El hecho de vivir en primera persona los grandes conflictos de la Europa del siglo XX, la hizo tomar parte en ellos. Fue esencialmente una defensora a ultranza del nacionalismo polaco, país por el que sintió una gran admiración y devoción. Una Polonia que desde 1795 estaba fragmentada y dividida entre Rusia, Austria y Prusia, y que está de manera continua presente en sus escritos. El 7 de abril de 1916, publicaba María de Echarri en La Acción, unas palabras de la escritora, en las que Sofía trataba de enmendar la plana al cronista de prensa Schneider:
 “Siento viva satisfacción en que la causa de Polonia se conozca extensamente en mi Patria… Polonia, mayor seis veces que Bélgica, es, de todos los pueblos mínimos arrasados y engañados por los grandes en el cataclismo actual, del que menos se habla públicamente en la Europa beligerante y la de los neutrales. Yo creo que hará obra de justicia y propaganda de la verdad, quién de a conocer, al menos en las naciones neutrales, la significación internacional de Polonia, sus aptitudes de self governements, su cultura y su indomable voluntad de vida independiente… Rompa usted señor Schneider, una lanza en pro del porvenir de Polonia, pero teniendo ‘solo’ en cuenta su ‘vivo’ e ineludible interés nacional, no los intereses de los imperios centrales o del coloso ruso, que argumentan con la fuerza de sus cañones”.
También la vemos alentando a la mujer española a ocupar un lugar en la vida pública para “mejorar, suavizar y engrandecer” la sociedad. Entendiendo la importancia de la educación de la mujer en la cultura y en la sociedad de un país:  “Nada hay que dé tan exacta idea de la cultura de un pueblo como la situación que en su sociedad ocupa una mujer. La instrucción de esta, que es factor importantísimo en el desarrollo general, se cuida extremadamente en Polonia. El estudio de los idiomas forma parte principalísima del programa educativo… la gran mayoría de las educandas habla y escribe cinco y seis lenguas europeas”. Lo escribía Sofía en 1926, aún no se había proclamado la II República en España, momento en el que llegaron algunos hitos importantes para el desarrollo de la mujer española y sistema frente al cual demuestra abierto rechazo. Mucho antes, ella había fundado el Instituto de Higiene Popular y fue condecorada con la Gran Cruz de la Beneficiencia.
Horrorizada por las atrocidades de la I Guerra Mundial, que la sorprende en la hacienda familiar de Drozdovo en Polonia, y que al ser invadida por los alemanes da lugar a una diáspora familiar que la aísla de los suyos. En estas circunstancias decide dedicarse al cuidado de los heridos, en los hospitales del frente y retaguardia. Experiencia que volcará en sus artículos, crónicas y conferencias, dando a conocer los desastres de la guerra y también la importancia y la defensa del papel de la mujer en la sociedad.
Estaba convencida de que la intrusión de la mujer en el escenario público aligeraría a las sociedades de la violencia y agresividad. Una agresividad que conoce de cerca cuando trabaja para la Cruz Roja. Es entonces cuando vive una de sus peores experiencias al ser destinada, en compañía de otras enfermeras, a recoger a 700 soldados heridos en el frente de batalla. Marcha en tren a la ciudad de Skierniewice en un recorrido difícil y duro en el que los aldeanos les advertían de no poder seguir avanzando sin riesgo de caer en manos de los alemanes: “Por el lado izquierdo aparecía todo el horizonte enrojecido por el intensísimo fuego, que no cesaba ni un instante, por el lado derecho la Rusia blanca y silenciosa… Y por fin llegamos a Skierniewice. ¡Cómo estaba aquello, Dios mío! Heridos, muertos, terror”. Y sin embargo Sofía todavía recuerda con mayor horror los últimos meses de 1915: “Cuando la ola de hambrientos, de famélicos, de extenuados, no nos dejaban curar a los cuatro o cinco mil heridos que recibíamos a diario”. Por aquel entonces ella y su familia se alimentaban de pan negro amasado con paja. Por la labor que hizo en los hospitales durante la I Guerra Mundial, fue condecorada por el zar Nicolás II con la Medalla de Santa Ana.
Vivió de cerca la revolución rusa y la lucha entre los partidarios de Troski y de Lenin. Se conmovió profundamente con el asesinato de la familia del zar, con los encarcelamientos de obispos católicos, las purgas y asesinatos, todo ello la llevaría a ser una anticomunista convencida. La revolución de Octubre, además de en sus crónicas y artículos periodísticos, quedará reflejada en De la revolución rusa de 1917; La revolución bolchevista. Diario de un testigo y En la Corte de los Zares. Del principio y del fin de un imperio.
En este año que se recuerda el centenario del inicio del gran conflicto bélico que supuso la I Guerra Mundial, cabe ocuparnos de una mujer inusual para su época, una escritora y reportera atrapada en la crudeza de las grandes guerras y conflictos del siglo XX, que murió casi centenaria, ciega y olvidada  en la gélida Polonia soviética.
"Soy la única mujer española que vengo de aquellos lugares de desolación y muerte, en donde los hambrientos cavan sus fosas y en ellas se matan con sus mujeres e hijos”.

Publicado por Inspiración Femenina Tian. 

martes, 14 de enero de 2014

BREVE HISTORIA DEL COLOR ROSA

Por Clara Restrepo
 
Y de cómo por siglos era un color asexuado, antes de convertirse en uno de los estereotipos más conocidos y ligados a la mujer.
Hay cosas de hombres que las mujeres no pueden hacer y hay cosas de mujeres que avergüenzan a los hombres que las hacen. Entre ellas el usar el color rosa.
El atribuir los colores en un modo automático a niños y niñas es uno de los estereotipos más radicados y descontados ligados a la diferencia de género. Y este estereotipo tiene una historia y una evolución, como nos cuenta “El Atlantic” en un artículo de hace unos meses (retomando el libro de la histórica Jo B. Paoleti de la Universidad de Maryland titulado “Pink and Blue: Telling the boys from the girls in America”. La primera cosa que debemos saber es que la asociación entre el rosa y lo femenino viene solo en tiempos relativamente recientes y por una elección arbitraria. Por siglos, el color rosa era asexuado.
En el siglo XVIII era perfectamente normal para un hombre llevar un vestido de seda rosa con motivos florales. Los niños y las niñas hasta los 6 años los vestían con vestidos largos de color blanco sin una diferencia sustancial entre hombres y mujeres, solamente la posición de los botones. La elección del blanco era sobre todo de naturaleza práctica, los vestidos blancos y los pañales blancos de tela eran más simples para lavar y blanquear. Más que basada sobre el sexo, la distinción de la indumentaria venía dada por la edad: diferenciaba simplemente los más pequeños de los más grandes.
El rosa y el azul, junto con otros colores pastel fueron introducidos en la ropa para niños en la mitad del siglo XIX, pero no implicaban ninguna significancia de género. Una de las primeras referencias al atribuir colores al sexo se encuentra en “Piccole Donne”, “Mujercitas” de Louisa May Alcott, donde un lazo rosa es usado para identificar la mujer y uno azul al hombre. La usanza viene definida de la misma Alcott como “moda francesa”, como para decir que no era una todavía una norma reconocida en todas partes, es más, era una especie de vicio exótico.
En estos tiempos los libros para niños, los anuncios y las tarjetas de invitación por nacimiento, el papel de regalo y varios artículos de los diarios indicaban que no se trataba de una norma y que el rosa podía ser asociado tanto a los recién nacidos fueran niños o niñas. En el 1918 “Earnshaw´s Infants´Departament, revista especializada en vestidos para niños especificaba que la regla comúnmente aceptada era que el rosa fuera para los niños y el azul para las niñas. Esto porque el rosa es un color más fuerte y decidido, más adaptado a un hombre, mientras que el azul era más delicado y gracioso, y más adaptado a las mujeres. El rosa venía visto más cercano al rojo (color fuerte y viril ligado a los héroes de batalla) mientras que el azul venía mas asociado al color del velo que representa a la Virgen María. En 1927 la revista Time publicó un gráfico que confirmaba esta tendencia y mostraba los colores más apropiados para hombres y para mujeres según los principales productores y vendedores de vestimenta en los Estados Unidos.
Entre los años treinta y cuarenta las cosas empezaron a cambiar, los hombres comenzaron a vestirse con colores siempre más oscuros, asociados al mundo de los negocios, para distinguirse de las gamas claras percibidas como más femeninas y ligadas a la esfera doméstica.
La vestimenta de los niños y de las niñas empezó a diferenciarse siempre en edades más pequeñas también por la difusión de la creciente teoría de Freud ligada a la sexualidad y a la distinción de género. Nos encontramos todavía en una fase incierta durante varias décadas, hasta la segunda guerra mundial los colores continuaron a ser utilizados de una manera intercambiable.
No es claro, como a cierto punto, en los años cincuenta, viene una precisa asignación de los colores: “podía haber sido diferente, fue una elección arbitraria” explica Jo B. Paoletti. El rosa termina por identificar a las mujeres y aparece omnipresente no solo en la vestimenta, también en los bienes de consumo, en los electrodomésticos y en los automóviles. La muñeca Barbie fue introducida en el mercado precisamente en estos años y consolidó la feminización del rosa. Un ejemplo se encuentra también en la película Funny Face de 1957, cuando un personaje inspirado en la célebre periodista de moda Diana Vreeland dedica al color rosa un número completo de su revista.
El rosa asociado a la feminidad fue fuertemente criticado durante los años sesenta y setenta con la difusión del movimiento feminista y la puesta en discusión de los roles tradicionales de género. Las mujeres iniciaron a utilizar estilos más neutros, privados de detalles asociativos al sexo. Paoletti en su libro hace notar que la crítica de las feministas no era tanto hacia el color rosa, sino porque hacía referencia a la esfera infantil. En uno de los estereotipos más importantes para el movimiento de las mujeres de la época “la mistica della femminilità”, Betty Friedan trató de dar una explicación al “problema inexpresivo” que hacía infelices y depresivas a las mujeres americanas de los años sesenta. El color rosa, en este ensayo, viene nombrado solo dos veces, cuando se habla de la “mujer infantil” que se mantiene en casa como “una niña entre sus hijos, pasiva, sin ningún control sobre su propia existencia”. Muy apreciado fue en esos mismos años y no solo por el mensaje ambientalista el comic de los “Barbapapá” donde no era casual que el padre fuera de color rosa y la madre de color negro.
Fueron los años ochenta los que impusieron definitivamente la idea de los colores que marcadamente señalaban el género pertenencia del niño o de la niña. En estos años desparecieron los vestidos unisex y se impusieron definitivamente una serie de estereotipos ligados a la infancia y al mundo de los juguetes: soldaditos y juegos de construcción para los niños, muñecas y ollitas para las niñas. Fue importante también la difusión de la diagnosis prenatal y de la consecuente posibilidad de descubrir el sexo antes del parto. A este punto, explica Paoletti, tuvieron la mejor estrategia de marketing.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Aulas de sangre en Pakistá




Los talibanes la hirieron cuando atacaron su escuela, pero su nombre no es Malala. Tampoco estudia en las comarcas del noroeste de Pakistán donde aquellos extremistas intentan imponer su ley y apartar a las niñas de la educación. Attiya Ali, de 11 años, acude a la Nation Secondary School de Ittehad Town, la barriada de Karachi donde vive con su familia. Tiene mucho mérito que siga haciéndolo, porque el tiroteo que mató al director de su colegio el pasado marzo le ha dejado con las piernas paralizadas. Ir a clase se está convirtiendo en una actividad de alto riesgo en ese país disfuncional y caótico.
“Quiero ser maestra”, ha declarado Attiya a la prensa local. “Para entonces, tal vez incluso pueda andar”. De momento, después de pasar tres meses hospitalizada y otros dos en una camilla, se mueve en silla de ruedas. A falta de recursos para un tratamiento de fisioterapia que le ayude a recobrar la movilidad de las piernas, se ejercita en su casa con unas férulas ortopédicas y apoyándose en la pared bajo la atenta mirada de sus padres y su hermano mayor, de 16 años. Ni él ni los otros cinco más pequeños van ya al colegio, porque buena parte de las 15.000 rupias (unos 100 euros) mensuales que gana el padre, Arshad Ali, se van ahora en medicinas para Attiya.
“No es que no quiera educarlos”, asegura el hombre.
La Nation Secondary School cobra 350 rupias mensuales a cada alumno. Incluso, esa modesta cantidad constituye un obstáculo para muchas familias. La movilización de la sociedad civil logró que en 2010 se introdujera un nuevo artículo en la Constitución que establece “la educación gratuita y obligatoria para todos los niños de entre los 5 y los 16 años”. Aún no se ha desarrollado la legislación que permita hacerlo realidad. Además, hay cientos de escuelas públicas fantasma que existen sobre el papel, pero que nunca se han llegado a construir porque los funcionarios o los políticos locales se han quedado el dinero.
Como los hermanos Ali, al menos 9,2 millones de niños paquistaníes de entre 5 y 12 años están sin escolarizar, según el último informe de Unicef en el que se alerta de que Pakistán no va a ser capaz de cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio para 2015. Esos datos lo convierten en el segundo país del mundo con más niños fuera de las aulas, después de Nigeria. De acuerdo con activistas locales por la educación, la cifra se eleva a unos 23-25 millones si se toma como edad de referencia los 16 años. Aproximadamente, el 60% son niñas. En Pakistán, un chico tiene un 15% más de probabilidad de empezar la primaria que una chica. De hecho, entre los 5 y los 9 años, un 39% de las crías no están ni siquiera matriculadas, frente a un 30% de los chavales.

Mahenaz Mahmud. Pedagoga defensora de la educación infantil

Attiya, sin embargo, no falta a clase. Siempre fue buena estudiante, y junto a su cama hay varios premios por sus resultados académicos. Pero si necesitaba alguna motivación más, la obtuvo el día en el que Malala You­­saf­­zai visitó su escuela. Algunos vecinos creen que por eso los talibanes mataron a su director. Una de las balas que dispararon alcanzó a la pequeña cuando trataba de recuperar un zapato que perdió mientras las maestras intentaban que ella y sus compañeras se pusieran a salvo.
El incidente ha dejado huellas. Aunque la escuela reinició el curso a los pocos días, los alumnos tienen miedo. Corren al menor ruido. Muchos padres han decidido que el riesgo no vale la pena, sobre todo en el caso de las niñas. Su matrícula se ha reducido tanto que el nuevo director ha decidido suprimir el segundo turno. Solo hay clases por las mañanas.
Es el objetivo de los violentos. Crear el terror. Lograr que, ante el peligro, los padres opten por dejar a los niños en casa. Los extremistas lo plantean en términos de la lucha contra el Estado, pero eligen los objetivos más fáciles y desprotegidos. Sin formación, la gente resulta más fácil de manipular. De ahí, el desafío que supone Malala y el intento de asesinarla en octubre del año pasado, cuando salía de clase. La muchacha, que a sus 16 años acaba de recibir el Premio Sájarov de la Unión Europea y ha estado nominada para el Nobel de la Paz este año, alcanzó notoriedad cuando el Ejército echó a los talibanes del valle del Swat en 2009. Entonces se reveló que era la autora de un diario en el que contaba cómo era la vida bajo el control de los extremistas, publicado en la web de la BBC en urdu. Bajo el seudónimo de Gul Makai y desde los 11 años, Malala había relatado con gran candor cómo iban aumentando las restricciones hasta que finalmente cerraron todas las escuelas de niñas.
“Los talibanes han emitido una fetua que prohíbe ir a la escuela a todas las niñas”, escribió en una de las entradas. “[Hoy] solo asistieron a clase 11 de las 27 alumnas. (…) Mis tres amigas se han ido a Peshawar, Lahore y Rawalpindi con sus familias después del edicto”. La angustia que viven las pequeñas se cuela cuando relata que una compañera le ha preguntado: “Por el amor de Dios, dime la verdad, ¿van a atacar nuestra escuela los talibanes?”.
No era un miedo irracional. Un informe publicado por el Ejército en aquellas fechas aseguraba que los talibanes habían decapitado a 13 niñas, destruido 170 escuelas y colocado bombas en otras cinco. Cuando los militares pusieron fin a la tiranía de los talibanes en Swat, Malala utilizó su repentina fama para promover el derecho a la educación, con especial énfasis en las chicas. Su activismo, dando conferencias en escuelas de todo el país, fue reconocido por el Gobierno, pero no cayó bien entre los extremistas. A pesar de desmentir que se opongan a la escolarización de las niñas, han seguido atacando centros educativos, tal como prueban las imágenes de Diego Ibarra Sánchez que ilustran este reportaje.
Desde el atentado contra Malala, en el que también resultaron heridas sus compañeras Shazia Ramzan y Kaniat Riaz Ahmed, decenas de colegios en Swat, Nowshera, Charsadda, Swabi, Peshawar y las regiones tribales fronte­­ri­­zas con Afganistán han sufrido ataques de los extremistas. Sorprende la impunidad y la frecuencia con las que actúan. Sorprende aún más que a pesar de las agresiones, los niños vuelvan a clases que carecen de electricidad, de cristales en las ventanas, de aseos y, a veces, hasta de aulas, como es el caso en esa Government Middle School atacada el pasado marzo, don­­de las lecciones se imparten a la intemperie.
Pero la violencia talibán es solo uno de los muchos males que afectan al sistema educativo de Pakistán y, por extensión, al Estado. De hecho, cuando se le pregunta a Mahenaz Mahmud, una veterana pedagoga que ha dedicado su vida a promover la educación infantil, ni siquiera lo menciona. En su opinión, los principales obstáculos son “la ausencia de voluntad política y años de mala gobernanza a nivel nacional, provincial y local; las malas políticas educativas, y la pobreza, condiciones económicas y degeneración social”.
Esos mismos problemas están en la raíz de que las escuelas privadas de Pakistán hayan prohibido el libro de memorias de la joven activista, Yo soy Malala (Alianza Editorial, 2013). Los responsables arguyen que no es bastante respetuosa con el islam porque cuando menciona el nombre del profeta Mahoma no añade a renglón seguido la expresión “que la paz sea con él”, como es habitual entre los musulmanes piadosos.

Pilar Aguilar. Responsable de educación de Unicef en Islamabad

“Malala fue un modelo para los niños, pero este libro le ha hecho controvertida. A través de él se ha convertido en un instrumento en manos de las potencias occidentales”, declaró Kashif Mirza, el presidente de la Federación de Escuelas Privadas de Pakistán. Desde fuera, da la impresión de que simplemente han cedido a las presiones de los intransigentes para evitar riesgos.
En contra de lo que podría deducirse de las noticias, el mayor número de niños sin escolarizar no se da en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa y en las zonas tribales, entre cuya población pastún se halla la espina dorsal del apoyo a los talibanes. Baluchistán, con un 34%, y Sind, con un 32%, presentan una situación mucho más grave que aquellas, con un 26%, o que la más desarrollada, Punjab, donde solo un 16% de los menores de 10 años está fuera de las aulas. Más grave aún, según los datos recopilados por Unicef, en Sind, un 40% de los matriculados no acuden a clase.
Una de las razones que los expertos apuntan es la mala calidad de la enseñanza pública. A menudo, los niños acaban la educación básica sin ser capaces de escribir su nombre correctamente. Bela Jamil, una activista social con una larga trayectoria en el terreno educativo, contó a EL PAÍS en mayo pasado que “hay 32.000 escuelas en el país con solo uno o dos maestros cuya formación deja mucho que desear”. Sabe de lo que habla porque trabajó durante varios años como directora general del Ministerio de Educación.
Además, muchos padres no ven el sentido de escolarizar a sus hijos, debido a la falta de posibilidades de continuar su formación. Al acabar primaria, después de cinco o seis años de asistir a clase, siguen siendo obreros sin cualificar con parecidas perspectivas laborales que si no hubieran acudido al colegio. Así que un 42,6% de los 190 millones de paquistaníes siguen siendo analfabetos, en especial en las zonas rurales y más entre las mujeres.
“En los últimos diez años no se han hecho mejoras para mantener a los niños en la escuela”, reconocía Pilar Aguilar, la responsable de educación de Unicef en Islamabad, durante una reciente entrevista. Según sus datos, aunque ha aumentado el número de escolarizados, siguen siendo muchos los que abandonan durante los primeros cursos. De nuevo, casi la mitad de las niñas que empiezan la primaria dejan las clases antes de acabar el ciclo.

Mujer y pobreza son los dos principales indicadores de la exclusión educativa. En los hogares más desfavorecidos de Pakistán, apenas un 45% de las niñas están matriculadas en los primeros ciclos de primaria (frente al 80% entre la quinta parte más rica del país) y solo un 18% cursan el tercer ciclo (el 56%, entre las más acomodadas). Para los chicos, las cifras son el 56% y el 22,5%, respectivamente. Una sociedad extremadamente conservadora, las costumbres tribales de parte de la población o su interpretación rigorista de la religión se mencionan a menudo como origen de ese sexismo que, a todas luces, lastra el desarrollo del país.
“Pakistán es un país enorme, con actitudes religiosas y sociales muy diversas”, matiza Mahmud en un e-mail. “En la actualidad, las regiones del noroeste están en las noticias debido a los talibanes y al terrorismo. Pero la religión no es realmente la causa; lo que impide la educación de las niñas en algunas zonas de Khyber Pakhtunkhwa es la política de los talibanes”, defiende esta educadora. Además, admite, “hay muchas otras razones económicas y logísticas por las que las chicas no van a la escuela en otras zonas urbanas y rurales de nuestro país. Pero en los pueblos grandes y en las ciudades, las niñas sí van al colegio”.
Un elemento que parece común a todo Pakistán es la diferente actitud que se adopta ante la educación de mujeres y hombres. El sistema patriarcal imperante en las cuatro provincias y las regiones tribales administradas federalmente hace que la sociedad no vea a las mujeres como fuente de sustento para la familia, y, en consecuencia, carecen de estatus y valor social. De ahí que de forma tradicional se haya dado una mejor formación a los hijos que a las hijas. Además, la segregación sexual en público restringe la movilidad de las mujeres.
“En Baluchistán y Sind existe la costumbre de los matrimonios tempranos, lo que significa que las niñas abandonan antes la escuela, pero hay también cuestiones de honor”, ha explicado a este diario Sadaf Zulfiqar, una especialista en género de Unicef.
Entre ellas, Zulfiqar cita que muchas escuelas carezcan de retretes o muros a su alrededor para mantener el purdah, como entre los musulmanes del sureste asiático se denomina al confinamiento de las mujeres al espacio privado fuera de la vista de hombres que no sean de su familia. También, la carencia de maestras, ya que muchos padres no aceptan que sean hombres quienes den clase a sus hijas.
El asunto remite a la falta de emancipación de la mujer. Debido a las restricciones sociales y a la inseguridad, pocas están dispuestas a desplazarse varios kilómetros hasta una escuela rural. Además, el salario es muy bajo. Así que resulta muy difícil romper el círculo vicioso, de la educación de las niñas y de la calidad de la educación para todos. Hasta ahora, Pakistán apenas invertía en educación un 2% de su producto interior bruto (PIB), la cifra más baja de entre todos los países del sureste asiático y muy por debajo de la media global (7%). El nuevo Gobierno de Nawaf Sharif, que tomó posesión el pasado junio, ha anunciado que durante los próximos cinco años va a duplicar esa cifra. “Es una medida muy importante que debería derivar en más acceso, mejor calidad y una reducción de las desigualdades en la educación de las niñas, si se usa de forma adecuada”, asegura Zulfiqar en un e-mail.
La inmensidad de la tarea hace que otros expertos se muestren escépticos. Apuntan la necesidad de que se combata la corrupción y se promueva la meritocracia, para que las familias valoren más la importancia de educar a sus hijos. Pero sin cambios sustanciales en la consideración social de las mujeres parece difícil que pueda conseguirse un sistema más igualitario que cierre la puerta a los radicales violentos. “No hay fórmula mágica. Sociedades, tradiciones y actitudes no pueden cambiarse o desarrollarse en un invernadero. Tenemos que arreglar nuestro país, solucionar sus problemas… y eso lleva tiempo”, admite Mahmud.
Mientras tanto, la madre de Attiya, solo desea “volver a ver caminar” a su hija. La voluntad de esta, como la de Malala, es el mayor triunfo sobre los retrógrados que niegan la educación a la mitad de la infancia.
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Devastación en la escuela Primary Government School Kadi. Los talibanes atacaron el centro en agosto de 2012. / DIEGO IBARRA SÁNCHEZ

Pareciera mentira que en pleno siglo XXI leamos cosas como éstas. No queremos caer en el particularismo de Pakistán. Países como éste son el reflejo de una amplia situación mundial, que tal vez no tenga el extremismo de los talibanes, pero no favorecen la educación de las niñas, no por prohibición sino por  situación social,  económica y religiosa;  países en los hay una elevada tasa de natalidad y las hijas mayores tienen que ocuparse de las labores de la casa, con el consiguiente abandono de la escuela; la falta de recursos, que siempre inclina la balanza a favor del estudio de los varones; países en donde los matrimonios son a edades tempranas etc, forman parte de esa franja de población de millones de niñas que nunca estudiaran.
En otra parte del mundo –no tan amplia como se podría pensar y como desearíamos-  las niñas tienen acceso a una educación, sin embargo  muchas veces a edades ya más avanzadas –después de la universidad- la formación personal es muy escasa. Se ha logra una profesionalidad pero los posteriores deberes familiares y sociales evitan la realización de cursos de post-grado, de actualización, masters etc;  en una palabra, evitan una formación continuada que creemos es imprescindible en un mundo en el que todo el espectro de conocimientos lleva una velocidad de vértigo. Hoy sabes, en un año lo que sabías es casi obsoleto.
El pensamiento que subyace es el mismo: la estructura y el pensamiento social no valoran la formación de las mujeres.
Hoy día se sabe que en las áreas en las que las mujeres tienen un desarrollo y recursos propios,  la vida de las comunidades mejora. Pero aún existe ese viejo prejuicio de que una mujer culta y preparada es un peligro.
Quienes podemos llevar a nuestras hijas a una escuela sin riesgo para su vida, inculquémoslas la necesidad del estudio y lo que es más importante: la importancia de seguir formándose siempre; todos los profesionales lo hacen. De paso, cuando las adolescentes se nos muestren tan reacias al estudio porque viven “abducidas” por esta sociedad de consumo y por príncipes de móviles y “tabletas”, no tengamos reparos en decirles que el ir a una escuela –eso que ellas hacen con tanta naturalidad- a jóvenes de su edad les cuesta la vida y que muchas jóvenes darían cualquier cosa solamente por aprender a leer.
Hay muchas “sagas” hoy día pero mostrémosles que también hay una saga de niñas y jóvenes para las cuales el conocimiento es algo tan lejano como para ellas pensar que un lápiz en la mano te puede valer un disparo.
La cultura actual tiene mucha fuerza y predicar no sirve de mucho, pero también es cierto que si lo hacemos con constancia y alerta desde los primeros años de vida tal vez… no aremos en el mar y  algún fruto dará.
Pero la mejor prédica es siempre con el ejemplo, por eso las madres “maduras”, que empiecen por ellas mismas, tomando consciencia de la importancia de amplificar nuestros conocimientos y alertándonos de que haber cursado unos estudios no es hoy día suficiente y no debe  de ser justificante para conformarse con lo que ya se sabe.
El deber de educar corresponde a todos, pero la mujer tiene un protagonismo mayor en ello. Eduquemos para poder educar.
Publicado por Red Inspiración Femenina Tian.